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30 nov 2008

El tiempo vuela

Poco a poco y a base de cucharadas voy acostumbrándome a la vida organizada al uso en la cultura holandesa, mientras me voy desprendiendo de la espontaneidad mediterránea. Esto ocurre de manera natural, por las exigencias del entorno.

He aprendido a solicitar las vacaciones para los primeros nueve meses del año antes del 15 de febrero, quedar para tomar algo con semanas de antelación, comprar las entradas de eventos meses antes de que se produzcan y un largo etcétera. Frases como "¿te quedas a cenar?", "¿tomamos algo después del curro?", "¿vamos al cine esta noche?" van desapareciendo del repertorio, dando paso a las recurrentes "¿coordinamos agendas?" y "¿te mando un mensaje con varias alternativas?".

Ayuda el hecho de que las tiendas cierren a las 18 horas y que se salga de la oficina más tarde. Los jueves por la tarde las tiendas están abiertas (además de los sábados hasta las 17 horas), así que hay que elegir entre hacer la compra o tomarse una copa de vino con algún colega e ir al día siguiente caminando a la oficina porque no ha dado tiempo a comprar un bono de transporte.

Si a eso añadimos las salidas (cine, teatro, cenas), las tareas administrativas (seguros, facturas, impuestos), los estudios o voluntariado, las tareas del hogar (desde la colada hasta el grifo que gotea) y el tiempo reservado a uno mismo (hacer ejercicio o cortarse las uñas) y a la pareja, queda poco para quedar con los demás.En cierta manera comprendo que haya que pedir la vez para hacer vida social con alguien.

Lo que me parece excesivo es que a finales de noviembre uno vaya a cenar por ahí y se encuentre con una pizarra anunciando el cambio de carta en febrero del año siguiente y recomendando a los clientes que vayan reservando ya. Si se tratara de El Bulli, lo entendería, pero uno no espera eso de un restaurante de barrio... excepto en los Países Bajos.

Uno de los momentos en los que disfrutaba más de la vuelta al colegio era estrenar la agenda escolar: aquel conjunto de hojas sin mancillar, perfectamente guillotinadas, oliendo a nuevo. Imagino que de haber estudiado en Holanda nunca habría visto una agenda nueva en septiembre: estaría ya completa en octubre del año anterior.

IMAGEN: Pizarra en restaurante Jaap Hannis, Amsterdam, noviembre 2008