adaptar
(Del lat. adaptāre).
1. tr. Acomodar, ajustar algo a otra cosa. U. t. c. prnl.
2. tr. Hacer que un objeto o mecanismo desempeñe funciones distintas de aquellas para las que fue construido.
3. tr. Modificar una obra científica, literaria, musical, etc., para que pueda difundirse entre público distinto de aquel al cual iba destinada o darle una forma diferente de la original.
4. prnl. Dicho de una persona: Acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones, etc.
5. prnl. Biol. Dicho de un ser vivo: Acomodarse a las condiciones de su entorno.
28 jun 2008
Adaptarse al cliente
"Los clientes tienen que adaptarse a nosotros"
"Our customers have to adapt to us" (un gran jefe no indio)
¡Cuánta razón tenía el que soltó semejante máxima! ¿Desde cuándo se ha visto que sea la empresa la que tenga que adaptarse al cliente?
La clave para el éxito empresarial es olvidarse de las necesidades del cliente y no tenerlo en cuenta en absoluto. Es más, si no quiere hacer el esfuerzo para conocernos, averiguar qué vendemos, encontrar los canales de venta, ver los beneficios de nuestros productos, entender cómo se utilizan y pagar sin rechistar... ¡que se vaya a la competencia!
Si alguno tiene interés suficiente como para finalizar el proceso de compra, siempre podemos recurrir a darle la atención al cliente en un idioma que no sea el suyo, así no dejará de encontrar retos nuevos y su satisfacción será completa. El cliente debe tener el servicio posventa que se merece.
El cliente disfruta sintiéndose solo y desvalido. Cuanta menos información obtenga de nuestra página web, más misteriosos nos volveremos y más interés tendrá en nosotros. Por obvio que parezca, hay que reducir al mínimo la posibilidad de que encuentre el servicio de atención al cliente. En caso de atinar con ella, bajo ningún concepto hay que hacerle saber que nos ha llegado su mensaje, ni siquiera con auto-respondedores.
Por último, al lanzar una campaña publicitaria en varios países o regiones, jamás hay que tener en cuenta las peculiaridades culturales del cliente. Nuestra forma de pensar es la única válida y si el cliente no está por la labor de dejar a un lado sus obvias inferioridades comprendiendo nuestro mensaje, es su problema.