No hay manera de permanecer ateo en esta sociedad. Al menos no por mucho tiempo.
Me ha costado años desprenderme del ostracismo católico familiar a base de frotar con agua caliente. ¡Lástima que Super ZP no hubiera llegado antes!
Ahora que tenía la mente limpia, hecha un lío y sin dogmas de fe, llega a empujones una nueva corriente que a niveles prosaicos se está haciendo un hueco en mi vida. Así que ¡nenas, me cambio de acera!, iros dejando bigote y cubriéndoos la cabeza con un chador, que me voy a hacer muscleman, quiero decir, musulmán.
Anteriormente ocurría que mi despensa estaba llena de productos con la etiqueta halal, ya que comprar en la tienda turca sale mucho más económico que hacerlo en el supermercado de la esquina.
El fin de semana pasado empecé a tener oscuros sentimientos de culpa. Por poner un ejemplo, cuando estaba disfrutando de un bocata de chorizo (carísimo, si añadimos a los 2 euros que costó el sobre en Carrefour el centenar del vuelo Barcelona-Ámsterdam que lo trajo) hecho con pan marroquí.
Lego leí en el periódico que grupos de presión integración musulmanes estaban intentando que se aprobara una hipoteca halal, ya que el Islam prohíbe que los fieles paguen intereses y, claro, comprarse una casa con los productos bancarios actuales va contra la fe.
Ya estaba yo casi captado cuando me puse a buscar los principios del Corán y saber si era rentable la conversión, pero no me ha convencido lo que he leído, así que prefiero tener una hipoteca con intereses y que las leyes divinas no estén mezcladas con las civiles.
¿Fe? Sí, si quieres, en casa y el lugar de culto, pero no en el parlamento ni en el juzgado. Y eso va por todas ellas.
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |