La gente a menudo olvida el coste de oportunidad, y algunos de ellos directamente lo ignoran.
Este concepto quiere decir algo así como ¿no sería mejor si empleara los recursos que tengo en otra cosa?
No hace falta estar pensando todo el día en el cuento de la lechera, pero está claro que si los 3.000.000 de pisos vacíos que hay en Espéin fueran alquilados, sus propietarios tendrían algo más de poder adquisitivo.
En mi caso, viniendo de cultura católica, ese coste se transforma en un profundo sentimiento de culpa. A finales de septiembre estuve de vacaciones en la playita de la foto (Málaga) y no podía quitarme de la cabeza que debería estar estudiando holandés en lugar de tirarme a la bartola bajo el sol.
Allí me di cuenta de que algunos elementos no habían tenido en cuenta a tiempo del coste no utilizar crema solar y dejarla dentro del bote en lugar de embadurnarse con ella. En lugar de estar ligando por la noche luciendo palmito y bronceado, crujían de dolor por las quemaduras. Parecían malvaviscos bicolores, rosa por delante y blancos por detrás.
Una vez de vuelta he visto la pila de cosas que tengo que hacer, de ahí la reflexión de hoy. En el momento que haga algo estaré dejando de hacer otras cosas. ¿No resulta emocionante? Voy a tomarme un cafetito para ir decidiendo por dónde empiezo, calcular costes de oportunidad y no perder así el tiempo...